Oposición dispersa y debilitada pero con un objetivo común: evitar los dos tercios

Por Rubén Sandi

La Paz, 5 dic (ABI) - Desahuciada en todas las encuestas sobre intención de voto y a una distancia casi sideral del favorito a la reelección, la oposición boliviana concurrirá el domingo a las elecciones generales dispersa y debilitada pero furtivamente unida con un solo propósito: evitar que el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) logre los dos tercios que asegurarían el control total en la próxima Asamblea Legislativa Plurinacional.

A pesar de todos los esfuerzos, discursos y acusaciones, entre ellos, la oposición no ha podido revertir un panorama político abrumadoramente favorable a Evo Morales y sólo ha achicado, pero casi imperceptiblemente, la brecha de alrededor de 40 puntos porcentuales con el mejor de sus candidatos, o al menos el de mayor preferencia electoral, Manfred Reyes Villa.

Sin argumentos convincentes en sus ofertas electorales como para volcar la tortilla, los últimos días de la campaña mostraron a la oposición en una faceta desesperada para aumentar el caudal de votos y para aferrarse a una tabla de salvación: forzar a una segunda vuelta.

Fracasado el intento del pacto, todos contra Evo, la oposición, debilitada y fragmentada, ha navegado en aguas turbias, estigmatizada en la mayoría de los casos por su pasado liberal, el mejor argumento del oficialismo para desacreditarla, causa fundamental para que candidatos señalados para el consenso opositor abandonen el barco antes de partir: los ex presidentes Jorge Quiroga y Carlos Mesa, y el vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, los más importantes.

Aunque en los últimos días de la campaña, los discursos se unificaron y, casi al unísono, “alertaron” a los electores aún indecisos sobre lo peligroso que sería para el país un gobierno “de poder absoluto y dictatorial”, discurso que finalmente podría ser la gran frase para unirlos en una eventual segunda vuelta.

Así como el Presidente ha señalado en todos sus discursos que los electores tienen sólo dos caminos: consolidar el proceso de cambio o regresar al “nefasto pasado neoliberal”, los candidatos de la oposición que aparecen en las encuestas han puesto también en la disyuntiva a los electores para decidir entre “un proyecto totalitario o un país de respeto a la institucionalidad y a la seguridad jurídica”.

Con la diferencia, de que el discurso oficialista es convincente y cada vez más creciente, inclusive en los bastiones otrora impenetrables de los departamentos de la denominada “media luna”, una ficción geográfica con que se intentó dividir Bolivia.

La oposición también ha centrado los ataques denunciando una supuesta dependencia del venezolano Hugo Chávez y su proyecto hegemónico regional y una supuesta herejía de Morales que, a juicio de la oposición, echó del Palacio y del país a Dios.

Aunque los analistas políticos aseguran que es una lucha desesperada por la sobrevivencia de un modelo económico y social que estuvo en sus manos casi desde la fundación de Bolivia y que, por el embate socialista, parece destinado a sucumbir para dejar espacio a otro ciclo que durará muchos años.
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