La Paz, 5 dic (ABI)
Los espectros del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-97 y 2002-03) y el mercenario boliviano húngaro croata Eduardo Rósza mediatizaron la campaña electoral y, aún el sábado, amenazaban pesar en las preferencias políticas de los bolivianos a horas de la verificación de las elecciones generales en Bolivia.
La reputación de Rózsa, un avezado miliciano que combatió en la guerra secesionista de los Balcanes, a principios de la década de los años 90 del siglo pasado, y que fuera abatido en abril último, podría afectar a los candidatos a congresistas vinculados a quienes lo contrataron para prender una guerra civil que separe Santa Cruz de Bolivia.
Rózsa, nacido y muerto en Santa Cruz, dejó abundante documentación para corromper cualesquiera pretensión política de personalidades de esa rica región del oriente boliviano que terciarán este domingo por espacios en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Apenas desvelada su organización, en una operación de la Policía boliviana en un hotel de Santa Cruz, tres empresarios coludidos con el mercenario pusieron pies en polvorosa y fugaron a Estados Unidos, incluso antes de que medie un cedulón o comparendo su contra.
Su tristemente célebre reputación de comandar grupos de mercenarios que ejecutaron faenas de limpieza étnica en la desaparecida Yugoslavia, en sudoeste europeo, retobó, cual alcantarilla, en plena campaña boliviana.
Los medios privados dieron amplia difusión, entre octubre y parte de noviembre, a un vídeo filtrado a la prensa y grabado por el grupo de élite de la Policía, después de ejecutar la operación en que Rózsa y sus tenientes, el irlandés Dryer Michael Martin y el húngaro Mayarosi Arpad, cayeron en un feroz tiroteo en la suite de un hotel en Santa Cruz.
También en ausencia y a varios miles de millas de Bolivia, el ex presidente ultraliberal ha cruzado la campaña boliviana desde su refugio estadounidense por varías vías y medios.
Sánchez de Lozada, en las orilla de los 80, ha incursionado por interpósita persona en la política criolla en las últimas semanas.
Una de ellas ha sido su ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, que apenas escuchó a un juez de EEUU -donde radica hace seis años luego de que fuerzas uniformadas reprimieran tumultos en las ciudades de La Paz y El Alto contra la política privatista de Sánchez de Lozada- admitir el requerimiento para la radicación de un juicio planteado en la jurisdicción estadounidense por los familiares de 67 muertos bolivianos muertos y 500 heridos en octubre de 2003, la emprendió contra el presidente candidato a la reelección Evo Morales.
Sánchez de Lozada ha cruzado también la campaña boliviana por vía de su ex aliado Manfred Reyes Villa, uno de los principales animadores de las elecciones de este domingo.
El nombre de ex mandatario adalid de las políticas económicas neoliberales en Bolivia, se ha escuchado insistentemente en las querellas de un juicio de responsabilidades sustanciado en su contra en la Corte Suprema, en la ciudad de Sucre (sudeste).
El proceso, que toca al hermano de Reyes Villa, ministro de Sánchez de Lozada en 2003, ha obligado a cinco ex ministros bolivianos a refugiarse en Perú.
Sánchez de Lozada ha sido acusado sin pruebas de financiar la campaña de Reyes Villa.
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