LOS MEDIOS Y LAS DOS VERSIONES DE BOLIVIA

Waldo Albarracín
Waldo Albarracin Sánchez
Si usted prende su televisor podrá evidenciar que los acontecimientos suscitados en el país, la verdad y la mentira, tienen su propia versión, no solo de acuerdo al lente con que se mire, sino también dependiendo del canal televisivo que aparezca en su pantalla.
Si bien es importante que en un Estado democrático los diferentes puntos de vista y formas de pensar sean respetados por quienes no comparten dichos criterios, sin embargo resulta muy peligroso que, a título de libertad de prensa o el derecho a emitir libremente tus ideas, los diferentes medios, especialmente televisivos, asuman que tienen o cuentan con una especie de carta blanca para distorsionar la realidad de los acontecimientos y entregarle al público una información ajustada a los requerimientos e intereses de las instancias de poder sea político o económico al que se subordinan dichos medios.
En circunstancias que la población muestra marcado interés para enterarse de los acontecimientos, constituye un atropello al derecho a ser informado con veracidad, que cada canal de televisión aproveche el momento para decirle al país medias verdades o finalmente entregarle informaciones absolutamente distorsionadas, dependiendo de la conveniencia política del dueño o autoridad que ejerza dominio sobre el mismo.
Una prueba contundente de lo afirmado se verifica durante la emisión de las revistas mañaneras , noticiosos de medio día y nocturnos, donde un mismo hecho suscitado en el país es abordado e informado de manera distinta por los canales, dependiendo de la vinculación de éstos. No especulo nada al afirmar por ejemplo que, una gran parte de los canales televisivos privados, han mostrado una ostensible posición antigubernamental, por tanto los hechos anómalos que involucren a estas autoridades serán sobredimensionados, y satanizados. Similar situación pero a la inversa, acontecerá con el canal estatal o algún medio privado afín al Poder Ejecutivo, respecto a las inconductas de los opositores.
Qué significa todo esto, que se le ha arrebatado al pueblo el derecho a una información fidedigna, verás, real y objetiva y se le entrega conceptos digitados por los jefes de prensa, con una intención predeterminada, sea a favor del oficialismo o la oposición, ambos tienen su propia tribuna, cuentan con sus propios “periodistas”, sus medias verdades. Es mas, también cuentan con sus propios “analistas” que más parecen promotores políticos, no tienen nada de cientistas políticos(véase las revistas de la mañana). Todo está estructurado para que en lugar de informar se advierta una clara intención de atraer adeptos a favor de determinada tendencia.
Este problema tenderá a agudizarse en la medida que se vayan aproximando las elecciones nacionales, nadie estará dispuesto a ceder espacios para la equidistancia, la imparcialidad, hay que copar todo, esa es la consigna política y lamentablemente, los medios, particularmente los canales televisivos, forman parte de esa avidez de poder.
En el entendido de que todos estamos comprometidos con la tarea patriótica de consolidar y fortalecer nuestra democracia, resulta ilógico que los medios de prensa se sientan eximidos de esta obligación, debe tomarse en cuenta que somos más de 10 millones en este país y corresponde pensar en esa mayoría, no sólo en los intereses de los contendores políticos, por tanto es hora de democratizar las noticias sobre la base de la ética periodística.