Miles de personas de la ciudad El Alto cercaron hoy el edificio de la Embajada de los Estados Unidos en La Paz exigiendo la extradición al país de Gonzalo Sánchez de Lozada y de su ex ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, y acusaron al gobierno del presidente George W. Bush de dar refugio “a criminales reclamados por la justicia boliviana”.
La multitudinaria marcha descendió desde el Multifuncional de la Ceja de El Alto por la avenida Naciones Unidas y paralizó por completo el tráfico vehicular en el centro de La Paz durante su recorrido. La muchedumbre, una vez en las calles colindantes de la legación diplomática, cercó la misma y dejó escuchar su voz de protesta.
En octubre de 2003, 65 personas fueron muertas y más de 400 resultaron heridas por la dura represión ordenada por el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y su ex ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín. Otras nueve personas fallecieron en los meses venideros por las graves secuelas de sus severas lesiones que no pudieron superar.
La rebelión popular, principalmente en la ciudad de El Alto, se desató para impedir la exportación de gas natural licuado a Estados Unidos, a través de un puerto chileno; negocio que sólo beneficiaba a las transnacionales y dejaba migajas para Bolivia. Sánchez de Lozada dimitió y fugó a Estados Unidos junto a Sánchez Berzaín y el ex ministro de Hidrocarburos, Jorge Berindoagüe.
Es en ese marco que el asilo que el gobierno de Estados Unidos otorgó a Sánchez Berzaín fue rechazado hoy por miles de habitantes de El Alto, ciudad que fue el foco de la resistencia popular en octubre de 2003.
La interminable hilera se dividió en tres grupos: la primera de gremiales, la segunda comandada por la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) y, por último, la COR lideró a otras instituciones menores. En conjunto, al menos 50 mil personas recorrieron las calles de la ciudad sede de Gobierno.
En inmediaciones de la Embajada de Estados Unidos un fuerte control policial se desplegó para brindar seguridad al recinto. Policías de los distritos policiales 1, 2, 3, 4, UTOP, PAC, Polivalentes y la Unidad de Canes (CA-9), todos apoyados con dos carros Neptuno (coches antimotines), garantizaron a la legación diplomática.
Los gremiales fueron los primeros en intentar llegar hasta la puerta de la Embajada, un grupo de miles de campesinos de las comunidades ribereñas del lago Titicaca intentó también acercarse a la legación por la calle 6 de Agosto, objetivo que fue impedido por el contingente policial.
Sin embargo, por la presión de la protesta, acompañada de petardos y estribillos, la Policía permitió el ingreso de la muchedumbre que copó la avenida Arce a lo largo del edificio de la Embajada de Estados Unidos. El perímetro de la legación fue tomado previamente por el contingente de policías se replegó a lo largo del frontis y a la espera de lo que pudiera ocurrir.
PROTESTA
En ese contexto, diferentes sectores sociales fueron desfilando frente a la embajada gritando estribillos como “justicia”, “justicia para los caídos en la masacre de 2003”, “que no protejan a Sánchez Berzaín”, “abajo la media luna”, “Yanquis fuera de Bolivia”, “Estados Unidos asilo de asesinos”, entre otros.
Mientras un numeroso grupo de marchistas permanecía frente a los policías antimotines manifestando similares estribillos. Este grupo demandó que los funcionarios estadounidenses bajen la bandera norteamericana que ondeaba en el jardín de la legación. El pedido no fue atendido y no pasó a mayores.
No obstante, los ánimos se exaltaron más con la presencia de universitarios de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), quienes dispararon gran cantidad de petaros en contra de la infraestructura del edificio, la misma que soportó los estallidos.
También un grupo de exaltados comenzó a agredir a los policías con patadas y palos. Los uniformados reaccionaron con disparos de gases lacrimógenos que dispersaron a los marchistas concentrados en todo lo largo de la avenida Arce.
Las personas se reagruparon en calles aledañas y encabezados por los campesinos “ponchos rojos” exigieron a los policías que les permitan realizar una marcha pacífica por el lugar, argumentando que estaban en su pleno derecho de protestar por las calles paceñas.
El pedido fue aceptado por el comandante general de la Policía Nacional, Gral. Miguel Alfonzo Gemio Urrutia, quien permitió que las personas empezaron a marchar delante de la embajada enarbolando tricolores nacionales, wiphalas y gritando “justicia”.
Los miles y miles de marchistas entre hombres, mujeres y jóvenes protagonizaron una interminable marcha pidiendo a gritos “justicia”, con claras muestras de agotamiento y efectos de los gases en los ojos que no impidió exigir su principal demanda: que los responsables de la masacre de octubre de 2003 no queden impunes.