Cochabamba, 28 jul (ABI)
Un motín de alrededor de 500 internos desnudó las condiciones infrahumanas de hacinamiento en la cárcel de San Sebastián, improvisada a mediados del siglo XX en un enorme caserón republicano de fines del decimonónico en la ciudad de Cochabamba.
Herrumbres, paredes sucias, hollín, fetidez, pisos mustios, humedad, promiscuidad, luz de sótano, techos de zinc a punto desplomarse, pobreza: San Sebastián es la faz oscura de la vida de subterráneo y noche en un penal boliviano.
Los presidiarios inconformes quemaron camastros y se montaron en los techos del vetusto edificio de gruesas paredes de adobe, en oposición a una Ley de Régimen Penitenciario local.
En medio de denuncias de cobros irregulares, que salpican a la policial Gobernación del penal, los internos se rebelaron la noche del lunes al martes.
La exacerbación se generó luego que la Gobernación intentó cerrar las puertas a los familiares de los presidiarios o por lo menos reducir los días de visitas a un par por semana.
El penal, enclavado en el centro de Cochabamba, fue cercado por decenas de policías ante la posibilidad que el motín ingrese en un círculo de violencia irrefrenable.
Desde el lunes los internos prohibieron el ingreso de visitas, quemaron muebles y colchones, además de emplazarse en los techos como medida de protesta exigiendo la renuncia de la directora de Régimen Penitenciario, Jacqueline Rivera, por supuestos malos tratos.
La protesta que puso los nervios en punta en la Policía de Cochabamba, fue a morir en la orilla después de varios cabildeos, lejos de la cárcel, por frenarla.
"Se ha entrado en cuarto intermedio, hay un documento escrito, y se está ampliando una media hora a las visitas. Han ingresado los niños, esto hasta la llegada del director nacional de Régimen Penitenciario Wilson Soria", informó el gobernador del ese centro de ese reclusorio, Elvin Baptista.
Explicó que el motín se debe al rechazo de las nuevas disposiciones enmarcadas en la Ley de Régimen Penitenciario, fundamentalmente con la prohibición de que los hijos de internos tan solo deben vivir en él sólo hasta los seis años de edad.
Indicó que actualmente existen casos de adolecentes de entre 16 y 17 años de edad, incluso una de 18 años, viviendo en el penal con todos los riesgos que ello conlleva.
Indicó que otras de las disposiciones rechazadas por los presos es la prohibición de cobros, de hecho irregulares, para el ingreso al penal y la regulación de visitas, que según la Ley se realiza solo dos días de la semana, además de domingos y feriados, para garantizar la seguridad en el penal.
Pero "todos los días es un ir y venir de visitas que obviamente esto va en contra de la seguridad del penal", esgrimió Baptista.
Baptista indicó que se están tomando todas las previsiones para evitar que presos, en esta situación, aprovechen para evadirse.
"Tenemos un anillo interno y un anillo externo para evitar este tipo de hecho", dijo.
Por su parte, el representante del Defensor del Pueblo en Cochabamba, Augusto Siles, respecto a la regulación de los ingresos de visitas a ese recinto penitenciario, indicó que esa es la primera causa del conflicto, porque " el día a día de esas visitas les permite sobrevivir".
Asimismo, informó que los internos de ese penal no reciben sus "pre diarios" (dietas) desde hace dos meses y que algunos no tienen los recursos necesarios.
Un ex gobernador uniformado de San Sebastián, que requirió el anonimato, narró lo que el penal representa desde dentro.
"Las condiciones al interior del penal son infrahumanas, donde el espacio físico se ha reducido a tal extremo que el hacinamiento es algo del diario vivir", señaló.
"Es una vivienda como cualquiera, una vivienda vetusta, un conventillo donde funciona una cárcel", dijo el oficial de policías.
"Al interior también ingresan niños, los hijos de los internos, y muchas de sus esposas también están al interior del penal atendiendo pensiones o tiendas", describió.
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