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“Se necesita de unas Fuerzas Armadas (FF.AA.) con gran capacidad técnico-militar y despliegue productivo en distintas regiones, en fuerte vínculo estratégico militar y productivo social con la sociedad boliviana. Internamente, requiere grandes profesionales que sirvan con pulcritud, transparencia y compromiso con la patria”, ha dicho el Vicepresidente de Bolivia, en una reunión de militares en la que se proponen aprobar un nuevo perfil de lo que serán aquellos profesionales, según el diario gubernamental Cambio (17-VI-10).
Allí, el Vicepresidente recordó instrucciones del Presidente del Estado Plurinacional, formuladas hace más de un año, y propuso la “construcción de la estatalidad en el territorio patrio”. Tal afirmación la hizo luego de admitir que en ciertas regiones la presencia del Estado es insuficiente y difícil el acceso de las FF.AA.; lo que ocurre, añadió, en la amazonia, la chiquitanía y el precámbrico.
Dijo más el segundo ciudadano del país: “Un oficial militar tiene que ser conocedor de la riqueza territorial que posee el país, de la diversidad geográfica y cultural, de la estructura social, regional y de los poderes locales y los riesgos externos”. Y sobre el nuevo perfil profesional de los militares anotó: Debemos aspirar a “tener militares incorruptibles, porque aquel oficial o soldado corrupto será el futuro narcotraficante, contrabandista, delincuente, mercenario”.
El Presidente, en su discurso de su segunda posesión suya en el cargo, les pidió a los jefes militares, presentes en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), que dejen de enseñar en los institutos castrenses que el socialismo es el enemigo fundamental de nuestros pueblos porque ese enemigo son el imperialismo y el capitalismo. Asimismo, antes de la parada militar realizada en Oruro, en honor a su segunda envestidura, Evo Morales, afirmó que el pueblo boliviano no quiere, nunca más, unas FF.AA. masacradoras y que éstas deben elaborar una doctrina militar que las comprometa a respaldar los cambios de la actual transición boliviana.
Para entender mejor la hoja de servicios de aquéllas es imprescindible recordar antecedentes suyos de las últimos seis décadas:
Fueron derrotadas y destruidas por la insurrección popular de abril de 1952, en la que mineros, fabriles y campesinos, especialmente, fueron las clases sociales, en armas, que ocuparon la primera línea, pero de esa victoria se apropiaron los dirigentes del MNR. El pueblo acotaba que ese Ejército nunca ganó ni una de las guerras internacionales en las que Bolivia perdió casi la mitad de su territorio, pero que en las masacres de mineros y campesinos los uniformados se habían anotado todas o casi todas las victorias; en cambio, las consecuencias políticas, aunque retardadas, favorecieron al pueblo varias veces.
Las masacres de fabriles en La Paz de 1950, las de varios distritos mineros en 1965, la de Siglo XX de 1967, la de campesinos en Tolata de 1974, la de mineros en Caracoles de 1980, son las más visibles, a lo que se suman las acciones armadas contra las guerrillas de Ñancahuasu (comandada por el Che en 1967) y la de Teoponte (1970). Esas matanzas de las que fueron actores los militares, con apoyo de la Policía Nacional (PN), confirman que el sostén fundamental de un Estado, para someter a los explotados y oprimidos, son las FF.AA.
La derrota y destrucción de aquéllas, por una acción insurreccional en Bolivia, mostró que al menos en esas condiciones, en las que las contradicciones internas carcomían a los militares, fue posible lo que constituye una hazaña del pueblo. Esa realidad se puede contar, además, como un aporte boliviano en la lucha liberadora de nuestros pueblos de Latinoamérica y el Caribe.
Sin embargo, las fuerzas castrenses fueron reorganizadas (refundadas) a imagen y semejanza del Estado burgués dependiente, surgido de las batallas de abril de 1952, pero por acción posterior a las armas, de la pequeña burguesía boliviana, para decirlo con las palabras de René Zavaleta.
La formación técnica, política e ideológica de las FF.AA. bolivianas, luego de 1952, se realizó bajo la dirección de instructores estadounidenses, especialmente en la Escuela de las Américas. Esta es una verdad válida para los ejércitos latinoamericanos y caribeños. Los uniformados fueron preparados para la guerra contrainsurgente, ante la victoria de la Revolución Cubana y, precisamente, para que esos militares latinoamericanos enfrenten a los movimientos, armados o no, que luchaban por la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos y países. La Alianza para el Progreso, es decir, la llamada “ayuda” del pueblo de los Estados Unidos a esta parte del mundo; el reformismo burgués (demócrata cristiano en Chile), el populismo (como el peronismo en Argentina); las dictaduras militares y fascistas, luego. Esas políticas fueron respaldadas por los ejércitos de esta región latinoamericana, lo que otra vez demuestra que la fuerza pública es el corazón del Estado, en nuestro caso del que se organiza durante la revolución democrática y burguesa dirigida por el MNR.
Además del entrenamiento técnico-militar de los uniformados en las escuelas estadounidenses para las acciones antiguerrilleras, la instrucción la recibían en casa, en los países en los que surgían focos guerrilleros. Eso sucedió en Bolivia: los militares bolivianos, antes de emprender las acciones antiguerrilleras en Ñancahuasu, fueron amaestrados por “boinas verdes” estadounidenses, en nuestra selva, es decir, en el escenario guerrillero criollo.
Las fuerzas armadas han sido adiestradas, asimismo, para combatir al enemigo interno, es decir, a nuestros pueblos en tiempos dictatoriales.
En el último período de predominio neoliberal, los custodios de la enajenación del patrimonio de los bolivianos han sido precisamente los uniformados, lo que confirma hasta la saciedad que el núcleo del Estado burgués dependiente son las FF.AA., incluida la PN.
Según la vieja Constitución Política, los militares tienen que garantizar la seguridad interna y externa del Estado boliviano y, por tanto, la de todo régimen constitucional. Sin embargo, las dictaduras se instalaron en Bolivia para lo que violaron la legalidad. Las dictaduras imponían y preservaban su dominio (político, ideológico, económico y social) apoyados por las FF.AA.
Sobre aquéllas, además, se difundía otras mentiras: que son apolíticas, neutrales, que no deliberan y que, en consecuencia, sólo obedecen. Pero en la práctica sucedía lo contrario: respaldaban la política de los sectores sociales dominantes de la sociedad boliviana, la neutralidad era un supuesto que servía para desorientar al pueblo, la deliberación ocurría aunque no era visible para los distraídos.
En la actual transición boliviana, en la que no se ha destruido el viejo Estado y en la que las FF.AA. y la PN son las que menos han cambiado, proponer desde arriba una reforma de ambas, se advierte como insuficiente. Además, todo el poder no ha sido conquistado por Evo Morales, a pesar de los más de dos tercios masistas en la ALP. Y el poder económico, se encuentra casi intacto en manos de los empresarios, más allá de los cambios de propietarios en algunas de las empresas. Esto último se explica, incluso, por lo que dice el Presidente que quiere socios pero no patrones. Añadimos que en una empresa mixta donde hay patrones de diversa procedencia (estatal y particulares), hay explotados y oprimidos, esto es, asalariados. Por eso también se puede afirmar que lo que existe en Bolivia son cambios en la estructura socio-económica, pero no hay cambios de esa estructura capitalista y atrasada aunque, es cierto, ahora es menos dependiente del imperialismo.
No debemos perder de vista, sin embargo, que los dos primeros mandatarios bolivianos con lo que dicen y hemos citado en esta nota, sugieren una reforma, digamos avanzada, de las FF.AA. Ese planteamiento siquiera muestra que desde el gobierno se tiene claro que la actual maquinaria militar no alcanza para defender los cambios en el país. Por ello, nos animamos a plantear que las transformaciones de forma y contenido en las instituciones castrenses, ante la demora considerable, tienen que empezar ya y mucho mejor que no haya más postergaciones.
Si tenemos en cuenta la experiencia de nuestra patria grande latinoamericana y caribeña debemos aceptar que con las viejas FF.AA., es decir, con el anterior Estado como centinela no han sido posible las revoluciones. Precisamente en el curso de esas revoluciones se han articulado los nuevos ejércitos, luego de limpiar los escombros de los antiguos organismos de dominación, al fin de cuentas eso son los estados y eso son los ejércitos.
En octubre de 2003, en cierto modo el pueblo boliviano insurreccionado (especialmente el alteño y el paceño), han derrotado así sea parcialmente a las FF.AA. y a la PB, en tanto pilares del orden neoliberal.
El gobierno y el pueblo en una alianza, la que se presenta estos días como una necesidad insoslayable, apoyada en esas dos experiencias: la derrota-destrucción de las FA.AA. en 1952 y el revés parcial de aquéllas en 2003, tienen que plantearse en serio la organización de una nueva fuerza pública para el Estado Plurinacional, la que quizá empiece con las reformas propuestas por el Presidente y el Vicepresidente.
Más todavía, lo que tiene que estar muy claro es que si de veras el gobierno quiere ejercer la hegemonía en Bolivia tiene que dirigir al pueblo (como no lo hizo en Caranavi) y someter si es necesario con las armas (pero con otros uniformados) a los que se rebelen contra los cambios.
Concluimos con lo dicho en el título de esta nota, pero aquí con una afirmación: la reforma de las FF.AA. debe ser el cauce que lleve a la articulación de otras para este tiempo de la defensa, consolidación y profundización de los cambios. Otro camino puede llevar a la derrota.
La Paz, 19 de junio de 2010.
*Periodista