Eric: en tu homenaje y en el de Espinal publicaremos otra vez el semanario Aquí

De sábado a sábado

Remberto Cárdenas*

Con lágrimas que no se las limpió le escuché decir: “Increíble, ya está con nosotros”. Nos abrazamos en la puerta del edificio Cosmos, frente del Hotel Plaza, al que Eric de Wasseige de Witte vio ingresar, minutos antes, al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, el c. Fidel, que asistió a la posesión del Presidente de la República de entonces (1993). Después, desde una posición privilegiada, pudimos escuchar y ver a Fidel Castro de una acera a la otra. La gente del pueblo coreaba: “Fidel, hermano, ya eres boliviano”, saludo y respaldo a la Revolución Cubana y a su máximo dirigente en un momento difícil. En el semanario Aquí, con la participación diligente de Eric, publicamos una foto a todo color de Fidel y varias notas sobre él y la Revolución de los barbudos. El título principal de esa edición resume bien lo que quisimos decir en ese momento: “Fidel: Apoyamos a Cuba porque es nuestra”. La respuesta del Comandante fue reproducida en la edición siguiente de Aquí: “El mensaje de Fidel: Cambios en Bolivia dependen del pueblo”.
Especialmente ese pasaje que compartimos intensamente en la redacción del semanario, desde el que resistíamos al neoliberalismo, me convenció de las convicciones antiimperialistas de Eric y de su apoyo decidido a la Revolución Cubana y a su líder fundamental.
Luego de que se conociera en Bolivia las Cien horas con Fidel, Eric se empeñó en conseguir un importante lote de este libro, facilitado por el embajador Rafael Dausá, en una gestión conjunta con Picus y con el que firma esta nota. La publicación fue distribuida por Eric “selectivamente”, es decir, regaló a los que él creía que leían o, mejor aún, recogía testimonios de esas lecturas. Eric le obsequió Cien horas…a David Acebey, otro de los redactores del semanario Aquí desde su fundación, en una de sus visitas a La Paz. A los amigos que encontró, Acebey les contó que el cura (como solía decirle) le entregó ese libro cuya lectura comparó con un curso de posgrado. Le agradezco a Eric y les propongo que difundamos ese libro en todas partes, quizá ahora nos hace más falta que antes, dijo Acebey en un momento en el que creía que el gobierno de Evo debía asumir una drástica actitud autocrítica frente a sus errores.
A propósito de los cambios y del gobierno, en el último encuentro con Eric compartimos criterios sobre el proceso de cambios que ayudamos a generar durante décadas, ya que la historia no empezó (no podía empezar) con los actuales gobernantes. Además, coincidimos en que es necesario respaldar al gobierno con firmeza, pero sin dejar de criticar sus errores, para que se corrijan, “aunque esto lo veo muy difícil, para serte franco”, decía a sus contertulios frecuentes. Eric deseaba, sin medias tintas, mayor radicalidad del gobierno, especialmente hacia los opositores, a los que “se debe aplastar” con acciones, subrayaba.
Apoyado en la dura experiencia vivida en Bolivia, con religiosos y religiosas de la teología de la liberación, y laicos comprometidos y otros no tanto, Eric fundó Justicia y Paz para defender los derechos humanos en tiempos de la dictadura de Banzer, organización que antecedió a la actual Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia. Y con integrantes de la resistencia antifascista fue uno de los promotores de la publicación del folleto La Masacre del Valle (Cuaderno de Justicia y Paz No. 2), reportaje y denuncia de la matanza ordenada por Banzer, en la que un conscripto vio muertos amontonados como leña.
Luego de la confiscación (en realidad censura dictatorial) de una nueva edición de La Masacre…, en marzo de 1975, de acuerdo con información de prensa de esos días, los padres Eric y Jorge fueron deportados a Perú.
Eric resistió el exilio, al que en todo momento consideró una residencia temporal, y apenas pudo retornó a Bolivia para continuar con el pueblo boliviano y paceño, al que quiso tanto cual un patriota de verdad. Este cura belga, amigo que no fallaba y compañero imprescindible, no necesitó nacionalizarse boliviano, al menos sus amigos y compañeros nunca sentimos nada de extranjero en él. Al revés, en el semanario Aquí le escuchamos protestar contra europeos colonialistas contemporáneos, cuyas diferencias son menores con los de ayer sólo porque los hechos no se repiten tal cual.
Al semanario Aquí lo consideraba su “wawita”. Y ése fue el trato que le dispensó a esa publicación fundada por Luis Espinal, con curas y monjas de la teología de la liberación, así como laicos militantes y miembros de la resistencia a la dictadura de ese tiempo.
Pero Eric quería que su wawita sea mejor por su forma (atractiva) y mucho mejor por su contenido (que analice la noticia y el comentario). “Hay que trabajar mejor las notas del semanario, no podemos seguir como simples llorones, y el hilo conductor tiene que ser siempre rojo”, decía un cura que sin repetir la propuesta de Juan XXIII: “Diálogo y colaboración entre marxistas y cristianos”, era algo que hacía todos los días, especialmente con los redactores, colaboradores, impresores, distribuidores, encuadernadores, amigos y lectores inmediatos del semanario Aquí, que enarbolamos las mismas banderas y con los que nos hemos reunido ante Eric, como en otro tiempo, con el amigo y hermano al que ahora despedimos y el que nos congregaba sin convocarnos expresamente. Uno de estos compañeros (Batman) recordó una cualidad, entre tantas otras que nos hacen falta en este tiempo de la transición boliviana: la capacidad insuperable de Eric de escuchar a los demás y luego razonar conjuntamente para proceder en el sentido que implicaba avanzar.
Un defensor consecuente de los derechos humanos, Eric demostró con pruebas suficientes ser enemigo irreconciliable de la censura y de la autocensura, así como de la mentira, de la manipulación y de las medias verdades en los medios de difusión. Esas prácticas jamás tendrán espacio en las páginas de este semanario, decía con insistencia este cura que vigía diligente sobre todo de la línea informativa veraz y de las opiniones responsables que debían difundirse en Aquí, definido por los lectores como semanario del pueblo.
Una vez, alguien que había sido cooperante en Bolivia y que tenía una representación eventual de una institución que aportó con dinero al semanario Aquí mandó una carta en la que decía que hubiera sido mejor que no se publique un comentario. Como editor general fui encargado de redactar la nota de respuesta en la que, con los respetos mediante, le decíamos que los que decidíamos (sin intromisiones extrañas) qué publicar éramos los encargados expresamente para hacerlo. Eric que leyó el borrador, sugirió mayor radicalidad, como en otras ocasiones.
Eric tenía muy claro que la noticia tiene que ser veraz y que el comentario debe ser responsable. Se apoyaba en el sentido común, en su experiencia y en sus lecturas, en las que era un adelantado. Era un lector voraz y gustaba de la literatura de vanguardia europea, empero, la de nuestra América le cautivaba en grado sumo. A García Márquez lo leía con deleite, como confesaba. Se informaba en su lengua madre de lo que sucedía en la vieja Europa y, particularmente, en Francia. Entre los teóricos de la comunicación prefería a su paisano Armand Mattelart, y entre los periodistas a Ryszard Kapu?ci?ski.
A pesar de las restricciones impuestas por una institucionalidad todavía actuante en Bolivia, Eric hallaba modos de influir en la causa popular, que fue tan suya como el mejor de los convencidos porque leía (también la realidad) y no tanto porque creía. Por eso parece imprescindible subrayar la preocupación que sentía por los errores y las insuficiencias del gobierno y del proceso que, pese a todo, cambia a Bolivia. Eric, además, celebraba que los que poco o nada tienen (o tenían muy poco o casi nada) ahora gobiernen, aunque, añadía, todavía no podemos deshacernos de ciertos ‘roscawawas’ que ahora dicen que están con el pueblo.
Eric: Ahora que nos toca esta desgarradora despedida, te aseguramos que tus amigos y compañeros de todos los tiempos te reconoceremos como vigía implacable. Más aún, advertimos que nos ayudas a unirnos, estos días en los que desde trincheras de izquierda, a pesar de todo de izquierda, algunos se distancian y con esa práctica equivocada dividen al pueblo.
Decías también que tu Iglesia, con más de dos mil años, había aprendido más que los izquierdistas, con los que siempre buscaste alianzas necesarias. Seguro te referías a la que tú perteneciste: la de la teología de la liberación (como la de los profetas, a diferencia de la que sigue siendo de los diplomáticos, para decirlo con Espinal). Esa Iglesia entendía mejor que la izquierda contemporánea los riesgos que corre la actual transición boliviana, afirmabas.
Eric: Acepta que nos apropiemos de lo mejor de tu herencia, que no es material (salvo los libros que nos regalaste a condición de que leamos), sino la más rica en ti: tus cualidades humanas y tu ejemplo de todos los días, como la de los imprescindibles.
Y para contar de ti lo que no es posible en este espacio, así como en homenaje tuyo y de Espinal, publicaremos otra vez el semanario Aquí, virtual primero, impreso apenas sea posible para ayudar a que se comunique el pueblo, para informar con veracidad, para opinar con responsabilidad y para analizar con ética.
La Paz 3 de abril de 2010.
*Periodista